atrevería
a tocar, mientras guardan en sus mentes los horrores de lo
que están viendo. Ellos deben ser capaces de tomar
decisiones en un segundo sin pensar dos veces en lo que hay
que hacer aún cuando esto revista peligro. Ellos deben
estar en su mejor condición física, dispuestos
a salir corriendo interrumpiendo su vida familiar… ah!
y también debo hacerlo con seis pares de manos…
El ángel sacudió la cabeza lentamente y musitó:
“¡Seis pares de manos!… pero… eso
es imposible! No son las manos las que me están causando
problemas”, dijo el Señor, “son los tres
pares de ojos que el Bombero tiene que tener lo que me preocupa”.
“¿Eso es necesario en el modelo común?”,
preguntó el ángel.
El Señor asintió con su cabeza. “Un par
que vea a través del fuego para determinar en que lugar
él y sus compañeros puedan luchar mejor contra
las llamas, otro par a los lados de la cabeza para vigilar
que sus hermanos de lucha estén trabajando a salvo
y un tercer par en el frente para buscar a las víctimas
que puedan estar atrapadas y necesiten su ayuda”. “Señor”,
dijo el ángel, “Sería bueno que descansara
hoy y siguiera con el Bombero mañana”. “No
puedo”, dijo el Señor, “ya tengo un modelo
que es capaz de transportar a un hombre pesado por escaleras
hirvientes de un edificio en llamas y ponerlo a salvo…
y hacer todo eso sin cobrar un solo peso”. El ángel
caminó lentamente alrededor del bombero y un tanto
incrédulo pregunto: “¿Puede pensar? ¿Para
qué es la lágrima?”, preguntó el
ángel.
“Será para derramarla cuando alguno de su compañeros
caiga en la lucha. Para manifestar la emoción de ver
la bandera de su Compañía flameando contra el
cielo. Es una lágrima por todo el dolor y sufrimiento
que deberá enfrentar. Es una lágrima que derramará
en su juramento cuando ofrenda su vida para salvar la de su
prójimo”. “Que maravillosa idea la de la
lágrima, Señor, usted es un genio”, dijo
el ángel. El Señor, volvió su rostro
algo sombrío y dijo: “Yo no la puse allí”.
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