El
mundo actual plantea a los Bomberos Venezolanos nuevos y grandes desafíos.
Nuevas formas de energía y de tecnología (controladas y
no controladas), ciudades más grandes y complejas, atentados terroristas
antes impensables, conmociones diversas por razones étnicas, religiosas,
civiles o políticas, enfermedades, virus y bacterias que reaparecen,
vehículos que se desplazan a enormes velocidades e industrias que
manejan materiales peligrosos, se suman a los trastornos con que nos golpea
periódicamente la naturaleza.
Sin embargo, sería un grave error pensar que basta con el conocimiento
y estudio técnico para garantizar nuestro futuro. Por el contrario,
si queremos perdurar, tendremos que ser fieles a aquellos principios y
valores que han ganado para las organizaciones bomberiles venezolanas,
el respeto y la admiración de todos sus conciudadanos. Como integrantes
de una sólida organización, es nuestro deber mantener siempre
una conducta que haga posible que nuestra hermosa labor subsista. Solo
así nadie pensará jamás que es necesario dar, desde
afuera, normas o estructuras a nuestras Instituciones. |
PUNTUALIDAD, ASISTENCIA, PARTICIPACIÓN Y COMPROMISO:
Es
cierto que a los Bomberos se ingresa voluntariamente, sin embargo, esto
no significa que el servicio a la comunidad sea algo que se pueda prestar
o no prestar, según nos parezca cada día. Quien se hace
Bombero se compromete a estar siempre disponible para servir a los demás,
pese a los sacrificios que esto demande. Exigimos puntualidad, asistencia
y participación para ser fieles a una idea fundamental: Ser Bombero
requiere un real compromiso y dedicación al servicio, sacrificando
muchos intereses particulares en beneficio del colectivo.
DISCIPLINA:
El
duro trabajo en siniestros hace imprescindible que se actúe con
máxima disciplina. Al estudiar los procedimientos tácticos
con que se enfrenta una emergencia, se comprueba que se requiere TRABAJAR
EN EQUIPO, y eso significa que nadie puede actuar a motus propio: con
ello pondría en peligro no sólo el éxito de la tarea,
sino incluso las vidas de sus colegas. Para que la Disciplina sea parte
de nuestra forma normal de conducirnos, debe ser permanente, y no sólo
durante los incendios. Por eso, la Institución Bomberil es esencialmente
jerárquica, lo que se expresa en muchas formas.
En
primer lugar, en el modo en que se recibe y saluda a los superiores. Usualmente,
se dispone que los subalternos, al dirigirse a un superior, antepongan
la palabra “MI”: “Mi Comandante”, “Mi Capitán”,
“Mi Sargento”, “Mi Cabo”. La palabra “mi”
significa que reconocemos en esa persona un rango que nos coloca bajo
su mando. Lo anterior no significa asumir actitudes graves y formales,
que impidan la alegría de compartir sanamente la vida Bomberil.
Se trata solamente de “saber ubicarse”. Cuando se está
en actividades institucionales, se evitará el tuteo y se designara
al superior por la jerarquía que ostenta. Al ingresar una autoridad
a cualquier recinto Bomberil, debe suponerse que lo hace de modo oficial,
y en consecuencia se lo saludará de pie. Ante personas ajenas a
la Institución, se deberá ser igualmente cuidadoso. La familiaridad
y confianza, tan propias de la amistad que debe darse entre Bomberos,
se reservarán para las oportunidades y lugares que correspondan.
LEALTAD:
En relación al punto anterior, en efecto, la Disciplina
es algo más que saludar formalmente a un superior, o acatar sus
órdenes mecánicamente. Por el contrario, debe ser un esfuerzo
real y sincero por ser “uno más en el equipo”, lo que
significa que procuraremos sinceramente cumplir del mejor modo posible.
Más aún: no se trata de una actitud servil, que nos impida
pensar por cuenta propia o prohíba discrepar. Por el contrario,
las sugerencias planteadas en forma oportuna, respetuosa y constructiva
serán usualmente bien recibidas. Y si llega el momento en que encontramos
algo que criticar, lo haremos tal como lo hacen los amigos y los hombres
de honor: cara a cara, con respeto, sin ofensas, exponiendo con tranquilidad
las ideas propias y siempre dispuestos a reconocer que era uno mismo el
equivocado.
Antes de
sugerir o criticar, hay que preguntarse:
•
¿Es el momento apropiado? Puede que las circunstancias no sean
adecuadas para tratar el asunto con la calma requerida.
• ¿Es el lugar conveniente? Un pasillo o el casino pueden
ser lugares inadecuados para conversar serenamente un tema delicado.
• ¿Están presentes las personas necesarias? Puede
que haya demasiada gente para conversar con reserva y discreción,
pero también es inconveniente tener que referirse a personas
ausentes.
• ¿Cuál es el mensaje positivo que voy a entregar?
Porque es fácil criticar, “ser general después de
la batalla” o dar ideas obvias para que las realicen los demás.
Colóquese “en el lugar del otro”, y vea lo que usted
puede hacer en relación a su sugerencia o critica.
CORTESÍA:
Otro aspecto que podemos vincular a la Disciplina es
la CORTESÍA. Si un Bombero ha de merecer que se le llame “Caballero
del Fuego”, deberá cuidar que su trato sea siempre educado
y digno, especialmente ante la comunidad. Un lenguaje correcto, modales
comedidos y adecuada presentación personal harán que nos
podamos enorgullecer no sólo de la eficiencia profesional, sino
también de la calidad humana de nuestros Bomberos. Es muy grato,
por ejemplo, que los Bomberos se pongan de pie cuando ingresa una dama,
que demuestren respeto a los mayores o que sepan conducirse correctamente
en un acto social. Así, nuestra conducta engrandecerá
a la Institución.
TRADICIÓN:
Un aspecto adicional de la DISCIPLINA es la forma en
que los Bomberos respetan y cumplen las TRADICIONES de su Institución.
La marcialidad y el orden con que se realizan los Actos, la veneración
a las reliquias de los mártires y a los emblemas institucionales,
las muestras de afecto y distinción a los Fundadores, Jubilados,
Bomberos más antiguos o los lugares del Cuartel de acceso restringido,
son costumbres que, si existen, deben preservarse cuidadosamente. Sólo
quienes saben mantener las tradiciones positivas tienen derecho a plantear
innovaciones en aquello que los tiempos requieren.
PROTOCOLO:
También se vincula a la Disciplina el cumplimiento de las normas
de PROTOCOLO que se aplican en ceremonias y actos bomberiles. Sin embargo,
conviene recordar que la CORTESÍA hace conveniente que, si se
produce un error en este sentido, y sabemos que no hay en él,
animo evidente de perjudicarnos, procuremos obviar la situación
para hacerla presente con ánimo constructivo y ecuánime
en el lugar y momento oportuno.
UNIFORMES:
De especial importancia es el debido uso de los UNIFORMES INSTITUCIONALES.
Al portarlo debemos ser extremadamente cuidadosos en nuestra conducta
y comportamiento, porque ello compromete a la Institución como
un todo. ¿Qué imagen se puede formar la comunidad sobre
el respeto que le tenemos a nuestro uniforme, si nos ve asumiendo actitudes
contrarias a la moral y buenas costumbres Institucionales, Personales
y Ciudadanas?. El Uniforme se usa completo y correcto o no se usa. No
es adecuado que en público nos desabrochemos la camisa, o la
guerrera, nos quitemos el Kepis o el casco, etc. Los premios, Condecoraciones
y Distintivos se exhiben en el Uniforme sólo del modo prescrito
por la Institución. Nadie puede agregar nada a su Uniforme si
para ello no ha sido autorizado por una Resolución General o
particular. En todo caso, es recomendable ser sobrios en su uso. Por
ejemplo, en el caso de las medallas por años de servicio, bastaría
con lucir la última.
RELACIONES CON LA COMUNIDAD:
La máxima representación del Cuerpo de
Bomberos la ejerce legalmente el Comandante General, quien es así
su voz autorizada. En nuestra Institución además del Comandante
General y Segundo Comandante, están plenamente delegados por
ellos para ejercer la representatividad del Comando ; el Inspector General
de los Servicios y los Gerentes de las diferentes Áreas Operativas
y Administrativas, que coadyuvan en la difusión de las políticas
y objetivos Institucionales hacia los públicos internos y externos.
No quiere decir esto, que no existan otros funcionarios que puedan asumir
la representación del Cuerpo, pueden asumirla siempre y cuando
reciban la delegación de la función expresamente por la
autoridad respectiva.
Sin embargo, la imagen Bomberil es una permanente responsabilidad de
cada uno de sus miembros, y la conducta privada de un Bombero debe ser
siempre tan correcta como para que la Institución no tenga que
avergonzarse de contarlo en sus filas, y por el contrario, pueda enorgullecerse
de él. En consecuencia, deben mantener orden, compostura y seriedad,
y en lo posible permanecer en el carro u otro lugar apropiado, atentos
a las órdenes de sus oficiales.
FORMACIONES
Y DESFILES:
Un momento
muy significativo para la Institución Bomberil es aquel en que
sus miembros participan en una formación, parada o desfile, especialmente
si esto se realiza ante la comunidad. No se trata, evidentemente, de
competir en marcialidad con otras Instituciones, pero son ocasiones
en que se pone a prueba el orden y la disciplina de la Institución,
permitiendo además al público apreciar a “sus”
Bomberos y demostrarle su admiración y respeto.
Aunque existe, evidentemente, un origen militar común para las
normas que se aplican en formaciones, paradas y desfiles, existe bastante
diversidad de un Cuerpo a otro, por variadas causas. Esta diversidad,
al igual que la de carros, equipos, cascos, parches, kepis, franelas,
etc., es parte de la tradición Bomberil y constituye un aspecto
visualmente grato a la comunidad, que de todos modos considera a la
Institución Bomberil como una sola.
EL MANDO: (Obedecer y Mandar)
Los Bomberos deben estar siempre preparados para ejercer el mando. Esto
significa que deben conocer adecuadamente las disposiciones que corresponde
aplicar en cada caso, y desarrollar oportuna y sistemáticamente
las condiciones requeridas para ello. Una primera y fundamental idea
es que no sabrá nunca mandar quien no ha aprendido a obedecer.
Por lo mismo, los Bomberos deben considerar, cada vez que les corresponde
actuar como subordinados, que participan de una lección, en la
cual el cuidadoso análisis de lo que hacen sus superiores les
permitirá conocer la forma correcta en que debe procederse en
cada caso, (siempre y cuando el superior actué con ética
y correctamente).
Así comprobará que ejercer el mando no es una oportunidad
de demostrar superioridad o prepotencia, sino una forma de servicio
a los demás, coordinándolos, organizándolos y guiándolos
como equipo. La confianza en los demás se traduce en que los
demás confíen en uno. La firmeza de carácter, ajena
a todo despotismo o arbitrariedad, ganará el respeto y adhesión
de los subordinados. El conocimiento de las normas y procedimientos
permitirá ejercer el mando de modo eficiente y previsor. Todo
lo anterior dará a quien manda la serenidad que le permitirá
actuar con firmeza y entusiasmo. De ese modo los logros serán
compartidos: el jefe estará orgulloso de su gente y la gente
admirará a su jefe.
|